¡El viaje por la provincia de Chaco estuvo lleno de alegrías, encuentros y aprendizajes! Para beneplácito de El cuento de la buena soja, la llegada a Resistencia, coincidió con la semana internacional del títere, y la semana de la soberanía alimentaria. Y fueron días de calor de hogar, gracias a la hospitalidad y compañía de Susana, Esteban, Paloma, Berni, y Raque. A ellos, ¡mi profundo agradecimiento por los momentos compartidos!
Y los encuentros siguieron… María Angélica Kees, Anahí Collet, Juan Chico, Celeste Massin. Gente maravillosa llena de proyectos y sueños compartidos…
El itinerario chaqueño continuó por Pampa del Indio, donde Luciana Rodríguez, Silvia Chena, y Gabriel Mendoza, se brindaron abiertos a la propuesta. Les quiero agradecer mucho por la compañía y el apoyo durante esos días, ¡y gracias Lula por invitarme a tu casa!
Tercera parada chaqueña: Gral. San Martín, donde nos conocimos con Lucrecia Marcelli y su familia, a quienes les agradezco haberme recibido en su casa. Y gracias a Lucrecia, tuve la posibilidad de realizar el taller en varias escuelas de las que guardo hermosos recuerdos.
Final del viaje en Chaco: Saénz Peña, donde por fin conocí a Sergio Navarro y su maravillosa familia. Era un encuentro ansiado, después de tanto intercambio telefónico y cibernético. Sergio se brindó incondicionalmente a colaborar con la propuesta, a pesar de haber coincidido mi visita con días de mucho trabajo para él. Me contactó con varios colegios y procuró la forma de llegar a todos ellos, algunos bien distantes de la ciudad, ya sea acompañándome él mismo, o acompañada por Victor Carles, del Instituto de Colonización y Desarrollo Rural, a quien agradezco muchísimo la predisposición y generosidad brindada. Fue lindísimo conocer a Sergio y su hermosa familia, Mariana, Pepi, Lauti y Thelma, ¡va un gran abrazo para ustedes y muchas gracias por todo!
En compañía de Sergio, llegamos al CIFMA, en el barrio aborigen Nalá. Con todos los cursos reunidos en el salón principal, y junto a Patricia, docente de naturales, conversamos abiertamente acerca de las consecuencias del modelo sojero para la región, y en particular, para las comunidades campesinas e indígenas, a las que la mayoría de ellos pertenece. Los comentarios que fueron surgiendo, describían la tan, tristemente, repetida historia: Que antes en la región había muchos minifundistas, pero que ahora, al pequeño propietario el campo no le rinde, y entonces lo alquila o lo vende, y se va a la ciudad, y “el campo se está quedando sin gente”.
Después de esta charla introductoria, nos dispusimos a ver El cuento de la buena soja, y luego, compartimos el momento del juego, en el que sucedieron situaciones divertidas pero que a la vez, generaron reflexiones interesantes, gracias a la participación y predisposición de todos.
En las teatralizaciones en las que había que defenderse de Fumigueitors, Nonsantos y otros temidos personajes, la recurrente era “apelar al sentido de comunidad” y se dijeron cosas como “con nosotros no vas a poder, porque unidos con toda la comunidad nos vamos a defender”…
¡Que importante que estos futuros docentes puedan seguir transmitiendo el sentido comunitario a sus alumnos!
Fue una alegría conocer el CIFMA. Quienes quieran información sobre este Centro de Investigación y Formación par la Modalidad Aborigen, pueden ingresar a los siguientes sitios:
Quiero agradecer mucho la invitación de Sergio Navarro, y gracias a la profe Patricia por su predisposición. Espero que todos los alumnos que estén interesados, puedan obtener su copia de la peli y del cuadernillo complementario, y si en algún momento replican el taller cuando estén a cargo de un curso, los invito a compartir en este espacio sus experiencias. ¡Les dejo las muchas gracias y estas fotos de recuerdo! ¡Hasta siempre!
Esta escuela comparte el edificio con “Pioneros de Pampa Grande”, así que luego de realizar el taller con los más chicos, nos juntamos con los más grandes. La realidad que comentaba en el relato para la Escuela 381, se volvió a ver reflejada con los alumnos de polimodal, que antes determinadas preguntas o instancias de participación, se quedaban en silencio, hasta que alguno decía: que respondan “los sojeros”, ellos saben… Así, el curso parecía estar divido entre “sojeros y no sojeros”, y entre los primeros, estaba incluido, Mauro, ¡el mismísimo profe!, que mientras realizábamos el taller se fue a un rincón a trabajar en su notebook, y aunque lo insté más de una vez a acercarse y participar, prefirió hacerse el desentendido. Qué pena… Qué pena que no pudiera entender que esto no se trata de señalar a nadie, sino de mirarnos entre todos. La realidad de Avia Terai es un botón de muestra de lo que sucede en tantos y tantos pueblos rurales de las provincias de nuestro país…
En compañía de Victor, recorrimos 40 km desde Saenz Peña hasta llegar a la Escuela 381, atravesando una zona mayormente desmontada. El paisaje alterna manchones de monte, con extensos horizontes de tierras devenidas en llanos para agricultura.
La visita a esta escuela deparó uno de los momentos más emotivos del viaje, por el encuentro con Pablo Labat, bibliotecario de la escuela, y luchador comprometido, que nos hizo ver una realidad que en Avia Terai nadie quiere ver…
En principio, los talleres trascurrieron con mucha participación y entusiasmo por parte de los chicos, que como siempre disfrutan de la peli y el juego, pero si no hubiese sido por Pablo, nos habríamos ido con la sensación de que se trataba de “una escuela más”. Sin embargo, luego de finalizado el taller, Pablo se quedó con un grupo de alumnos y les pidió que escribieran las cosas que ellos sabían sobre el tema del cual habíamos conversado, que contaran lo que tuvieran ganas al respecto, que era para dármelo a mí. Y en eso estaban los chicos de segundo ciclo, mientras realizábamos el taller con los del primero; y para mí sorpresa, llegado el mediodía Pablo me acercó las redacciones. Perpleja ante tan conmovedores relatos le pregunté si esas cosas eran ciertas…
A lo que él respondió:
¡Claro!, afirmó él con cara de “si supieras lo que es esto”… Y entonces yo le dije “qué me parecía raro que nada de eso hubiera surgido durante la actividad. A lo que él respondió:
Es que los chicos no se animan a hablar de estas cosas… acá hay miedo, porque los campos o son del intendente o del ex gobernador, o de los mismo maestros, o porque los padres de los chicos trabajan en esos campos… Acá pasa el avión fumigador por detrás de la escuela, y nadie hace nada…
Los ojos de Pablo y los míos se llenaron de lágrimas, y quedamos desde ese momento hermanados por esa comprensión profunda que se lee en una mirada emocionada. ¿Hasta cuándo se puede seguir así? ¿Hasta cuándo se puede seguir desoyendo, mirando para otro lado?
Quién quiera oír, ¡que oiga!
Cerca de la casa de mi tía había una chacra sembrada de soja y pasó una avioneta a curar y mi tía estaba embarazada y le cayó cerca de la casa un chorro de veneno y le hizo mal a ella y al bebé, encima estaba sola con su hijo de 7 años y a él le agarró alergia…
Gisela
Don Manila sembró soja para exportar a otro país como Brasil, y fumigó con mosquito y con helicóptero.
Mi abuelo se enfermó porque sembró soja y fumigó con mosquito y le hizo mal a mi abuela a la vista por eso ve poco.
En el campo de al lado hay también sembrado soja, como todos los campos están sembrando soja, hay un hombre que es el único que sembró girasol.
Un hombre sembró zapallo, zanahoria y vegetales pero se le secó el zapallo y las zanahorias por culpa de los venenos. Felix sembró hortalizas, yo sembré maíz pero se me secó por culpa de los insecticidas muy fuertes para las plantas de maíces.
Luis Alexis
Mi tío estaba sembrando soja y no podía crecer, y cuando no puede crecer le echan veneno con avioneta y si está una mujer embarazada cuando están echando veneno le hace perder el bebé y si está un niño y le tiran veneno le salen granos por todo el cuerpo, y también mata a los animales. Cuando mi tío está pasando veneno si está con dolor de cabeza tiene que ir urgentemente al hospital o a una salita que está más cerca.
Una vez un niño estaba muy enfermo y el doctor no lo quería atender, y si pasa eso no pueden hacer nada. El niño estaba jugando y el que estaba en la avioneta no veía nada, él sabía a dónde tiraba, porque a él le dijeron tirá por acá y por la otra punta, y el seguía la orden, y si alguien estaba metido él no podía frenar la avioneta porque si frena va a caer por la chacra y va a romper el sembrado y si rompe el sembrado no va a poder venderlo porque va a caer encima.
Renzo
Yo sé que la soja hace mal a todas las mujeres embarazadas porque cuando riega la avioneta al bebé le hace mal porque el veneno es muy fuerte, te puede agarrar dolor de cabeza y te puede picar mucho los ojos.
Nicolás
En el país hay más soja que trigo y maíz, la soja no es para alimentos para personas, siembran soja para ganado y no piensan nada tumban árboles para tener más campo para sembrar más soja, hay otras personas que siembran las cosas importantes, pero si siguen sembrando soja y siguen tumbando árboles no vamos a poder respirar más.
Si tiran mucho veneno a las personas les hace mal, a la soja no le hace mal porque la soja ya está preparada para el veneno, pero a los animales sí les hace porque los animalitos comen las semillas de la planta con veneno. Hay que sembrar más trigo para hacer más harina.
Lidia
Yo tengo un hermano que se llama David y ahora está enfermo porque al lado de mi casa tiene un hombre una chacra de soja y la otra semana andaba el avión fumigando la soja y le hizo mal el veneno. Mi mamá le llevó al médico y el médico le dijo que le pudo hacer mal la comida que comió, mi mamá le dijo que no comió nada y él no le entendía entonces hasta que le convenció y entonces le miró si le dijo que era el veneno de la soja y ese día tuvieron que internarla y recién a los tres días le dio unos pares de medicamentos y ahora recién hace dos días se sanó y viene a la escuela a la tarde del polimodal y tiene 16 años, y le gusta mucho de golosina la garrapiñada y de comida el asado y la ensalada de lechuga, etc.
Evelin
Luego de estos conmovedores relatos, no queda mucho por decir. Aquí quedan las imágenes de las fotos de los niños, y sus dibujos (¡vean en cuántos de ellos aparece el avión!). Dejo un gran abrazo para todos los niños y niñas de la escuela Pioneros de Pampa Grande, y un abrazo emocionado y eterno para Pablo.
¡Qué lindo jardín! La directora, Cristina Benítez, nos dio la bienvenida en una sala llena de móviles colgantes hechos por los chicos. Luego de preparar el televisor, los grupos de las tres salitas del jardín Nº 25 se acomodaron juntos en una de las aulas, y empezamos a compartir la actividad. Conversamos sobre el origen de los alimentos, y pensando en "con qué se hacen" los fideos, los panchos, las milanesas, y los guisos, llegamos a la conclusión de que ¡todo lo que comemos viene de plantas y animales! ¡Hasta las cosas dulces que tantos nos gustan!
Después nos dispusimos a ver la peli. Las maestras Miriam, Gladis y Lili parecían divertidas con las primeras apariciones de los títeres y su paso por la verdulería, hasta que al llegar a la escena de Nonsanto, Lili exclamó: ¡Auch! ¡Mi hermano trabaja ahí! Y desencadenó una risa incómoda… La proyección continuó y al finalizar la peli, nos pusimos a jugar, y nos convertimos en Fumigueitors, Nonsantos, ¡y en plantas y animalitos del monte! También jugamos a que un grupito venía a cortar los árboles, que tan bien representados estaban por algunos chicos, mientras un tercer grupo trataba de defenderlos, argumentando que los árboles nos dan el aire para respirar, que en los árboles viven muchos animales, que frenan el viento, ¡y que sirven para colgar las hamacas!
Finalizado el taller, cuando los chicos se retiraron, nos quedamos conversando con Lili acerca de las consecuencias de este modelo dañino para la salud y el ambiente, del cuál tanto conoce, ya que por un lado tiene campos en los que siembra soja, y además, como confesó sorprendida durante la peli, su hermano trabaja en Monsanto. Ella dijo saber los problemas que ocasiona el glifosato, porque conoce casos cercanos de personas con heridas en la piel ocasionadas por las fumigaciones, y contaba cómo, cuando estas personas acuden en busca de apoyo médico, los doctores les niegan que esas afecciones tengan algo que ver con los agrotóxicos. También contó que su hermano describe a Monsanto como una empresa “fría”, en la que se hacen y deshacen de sus empleados según conveniencia temporal. Su descripción de esta realidad sonaba como “algo que se sabe que es así, pero bueno, qué se le va a hacer…”. Ante esa percepción, la reflexión que quise dejarle y vale repetirla aquí, es que las alternativas, existen, y hay que fortalecerlas. Por el futuro y el presente de estos niños… proponerse cambiar las cosas, es un primer paso.
La llegada a la escuela 458 comienza con el relato de una historia de amor. Oscar Araujo, director de la escuela, y Ana María Saunig, su compañera, son responsables de la enseñanza de los cerca de 18 chicos que concurren a esta escuelita que cuenta con dos aulas (una para los más chiquitos y otra para los más grandes) y con un cuarto y un comedor, que es donde viven Oscar y Ana. El sueño de estas dos personas de llevar adelante una vida juntos, en el campo, y en una escuela rural, comenzó cuando ellos eran muy jóvenes, ¡tenían apenas 15 años! , y ya eran novios. Pero por entonces, al terminar la escuela secundaria, el padre de Ana decidió que era importante que su hija siguiera una carrera universitaria, y procuró todo para que ella pudiera estudiar en Córdoba. Hacia allá partió Ana, quien no podía desoír el mandato familiar, a pesar de que su corazón se quedaba prendado a ese amor que dejaba trunco… El tiempo pasó, Ana se casó en Córdoba y tuvo tres hijos, Oscar también se casó, no tuvo hijos y al poco tiempo se separó. Y pasados ya unos muchos años, también Ana se separó, y fue entonces cuando Oscar volvió a aparecer un su vida…. El final, ya lo dijimos: ¡viven juntos en el campo y llevan adelante la educación rural de los niños de la escuela 458! ¡A la vuelta de la vida, sus sueños volvieron a encontrarse!
Luego de tan conmovedor relato compartido entre mates, y al conocer Oscar en más detalle la propuesta de El cuento de la buena soja, exclamó: ¡Ah, pero esto sería lindo que lo aprovecharan los papás! Y sin dudarlo, mientras los niños iban llegando como aparecidos del monte, el maestro subió al auto y fue en busca de los adultos. Así, luego de su rodada de invitaciones, llegaron algunos tíos, abuelitos, papás y mamás. Al explicarles que la idea era compartir un taller acerca de la expansión de la soja, con mirada de hombre de campo uno de los mayores del grupo dijo: bueh, nosotros no sembramos soja, pero está bien… Entonces de inmediato surgió la aclaración de que no era una charla “para acercarles la soja” ¡sino para alejarla! Y ahí sí, pareció que el grupo comenzó a sentirse en confianza…
Bajo la galería, nos acomodamos todos para compartir charla, película y juego, ¡y fue un intercambio hermoso! Los grandes le contaron a los chicos como era el campo cuando ellos estaban en edad escolar: de cómo el campo se fue mecanizando y vaciando de gente, y de que ahora todo estaba en manos de los grandes “pulpos”. ¡Uno de los abuelos no paró de despacharse contra los grandes “pulpos”! Era una delicia escucharlo… Y también los niños hablaron del campo, de las plantitas del campo, y una niña dejó en claro que el campo era aburrido y que lo divertido era ir al pueblo a hacer compras…
La despedida de la escuela 458 fue emotiva. Los adultos se fueron agradecidos, tenía cierta preocupación por que estuvieran apurados por volver a sus tareas, pero se quedaron a compartir toda la actividad, sin prisa. Con los niños nos quedamos un rato más, y ellos se pusieron a hacer los dibujos que aquí comparto. La última imagen al dejar la escuela, fue la de Oscar y Ana María, diciendo adiós con una mano, y con la otra, uniéndose en su abrazo de amor de toda la vida.
Bastó que cruzáramos algunas palabras nomás, para saber que estábamos ante uno de esos encuentros que se proyectan para siempre. ¡Conocer a Luisa fue encontrar una nueva compañera y amiga!
Del aula al improvisado salón para la proyección, entre un depósito de sillas nuevas aún sin estrenar, y de vuelta al aula para jugar, primero con quinto y luego con sexto, compartimos una tarde a puro Cuento de la buena soja, con chicos nada tranquilos por cierto, ¡qué paciencia la de Luisa!
Muchos de los chicos tuvieron ganas de pasar a ser “los malos de la película”, y no hubo argumentos que los convencieran de que dejaran de echar veneno y de talar tantos árboles. Ante la amenaza de que conseguiríamos nuevas leyes para que sus acciones fueran un delito y los pudiéramos mandar presos, uno de los chicos respondió: “No importa, le pago mucha plata a unos abogados para que me saquen rápido…"
Y sí, esos son los modelos que les damos a nuestros niños… Sin palabras, ¿no?
En un momento el nivel de ansiedad y desorganización dentro de los grupos de juego fue tal, que ni pudimos terminar la actividad, y como cierre nos llevamos la reflexión de que si no nos escuchamos y ayudamos entre nosotros, nos quedamos fuera del juego, mientras “los malos de la película” se llevan los premios. ¡Como reflexión final no es poca cosa!
Gracias a los chicos que compartieron esta tarde tan llena de aprendizajes y desafíos; gracias a la directora del establecimiento, Sra. Sulma Inzaurralde por aceptar la propuesta, y especialmente gracias a Luisa Herzenstein por su dulzura y su lucha. ¡Espero noticias de sus alumnos que con entusiasmo propusieron representar la obra con títeres que ellos mismos construirían! El fin de año se nos viene encima, pero en una de esas, todavía estén a tiempo a enviar alguna sorpresa.
Para compartir con todos ustedes, van aquí unas fotitos de recuerdo... ¡Espero noticias!
Los niños de la escuela 497, que comparten el edificio con la EFA 141, también participaron del taller, ¡hasta los más chiquitos de jardín!
Con los más pequeños conversamos mucho sobre el origen de los alimentos. Preguntándonos con qué se hacen comidas como el pan, la polenta, el guiso ¡y los postres! llegamos a la conclusión que todo se obtiene a partir de animales y plantas que crecen en el campo, ¡y que por eso el campo es muy importante para todos! Después de disfrutar juntos El cuento de la buena soja, los chicos mostraron mucha predisposición al juego, y todos nos convertimos en animalitos de la zona, y actuamos en defensa del monte, contando por qué no queremos que sigan cortando árboles.
A continuación, participaron también del taller los chicos de segundo ciclo. Cuando hablamos sobre la peligrosidad del veneno que se usa para fumigar la soja, uno de los chicos contó: "Yo me doy cuenta cuando fumigan porque cambia el olor del aire, y viene un olor fuerte, feo…"
Y luego de seguir reflexionando e intercambiando aprendizajes, nos fuimos todos a sentar a la larga mesa para compartir el almuerzo escolar. ¡Qué lindo momento!
A todos los chicos de la 497 muchas gracias por su cariño y su participación, y un agradecimiento muy especial para la directora de la escuela, Sra. Estela Ruiz. Aquí comparto algunas fotitos de recuerdo, ¡gracias!
¡Qué día más lleno de alegrías! La visita coincidió con una jornada especial de talleres de integración de áreas especiales.
La mañana arrancó con una invitación al aula durante la clase de Lucrecia, tema: relieve sumergido. Y vino bien mi presencia para hablar de la costa, la plataforma submarina, y los vientos costeros. Así, fuimos entrando en confianza con este grupo de alumnos maravillosos.
Luego de una charlita introductoria, compartimos la proyección de El cuento de la buena soja, y después nos fuimos al patio, y bajo un solcito hermoso nos pusimos a reflexionar jugando.
¡Los chicos resultaron unos actorazos! Y como si esto fuera poco, tuvimos la suerte de compartir la actividad con los profes de música y teatro: Nestor y Felipe.
Nestor interpretó maravillosamente a un empresario inescrupuloso; y los chicos, vehementes, le advertían que ellos se iban a unir, a organizar, y que si era necesario harían piquetes, marchas, etc., para impedirle avanzar con sus negocios sojeros en la zona.
Otro momento genial fue cuando interpretamos a Juanito y su mamá en una visita al médico: Juanito se comió un buen reto de su mamá, por confesar que había comido muchas golosinas… aunque… a todos nos quedó claro que lo que le hizo mal fue la exposición a los agrotóxicos, y que el médico ¡no se puede hacer el gil!
También compartimos opiniones sobre las diferencias del campo de ahora, con el campo que trabajaron los padres de las familias del lugar… Se dijeron cosas como que antes no se usaba tanto producto químico y todo se mantenía dentro de cierto equilibrio natural que ahora se rompió; y que la producción moderna con tanta tecnología no ocupa mano de obra, y por eso la gente del campo ha perdido sus fuentes de trabajo.
Hemos reflexionado profundamente, pero en un clima distendido y alegre. Y mientras al Cuento de la buena soja ya lo esperaban los chicos de la primaria, el grupo de la EFA siguió su mañana de talleres, trabajando con Nestor y Felipe en la recreación de leyendas tradicionales. Con mucho ingenio y humor, los chicos interpretaron las leyendas del carau, del lobizón, del wiñaj, y de la yerba mate.
Quiero agradecer muchísimo a Lucrecia Marcelli, directora del establecimiento, por brindarme la posibilidad de visitar esta EFA, así como el resto de las escuelas en Gral. San Martín, que surgieron por sus contactos, y también mi agradecimiento a ella y a su familia por albergarme esos días en su casa. Para Lucrecia y para el resto de los docentes va mi agradecimiento, ¡y un cariño especial para Nestor!
Aquí comparto algunas imágenes de los momentos compartidos.