El viaje por Córdoba estuvo nutrido de encuentros y aprendizajes. La primera semana en el Valle de Calamuchita la exprimimos al máximo con los cumpas del Taller de Amboy, en un ajetreado itinerario de escuelas y localidades, llevando con nosotros cada día el cine móvil, y la alegría de compartir un nuevo taller. Los compañeros del Colectivo Paren de Fumigar, de Córdoba, son gente con un gran compromiso y actividad, que me enseñaron mucho y me contagiaron energía e ideas como para seguir pensando nuevos proyectos. ¡Y qué lindo conocer más a Flor y compartir por un rato su casita, su pueblo, y su agitado ritmo de acciones!
Quiero agradecer muchísimo a todos los que fueron parte de la etapa de “El cuento de la buena soja” en Córdoba, fue muy grato sentir que la propuesta y los materiales realizados se aprovechan tanto por allí, y es un placer seguir en contacto y a disposición para continuar juntos fortaleciendo la lucha. ¡Un gran abrazo de corazón! Mariela.
En el tallercito que semana a semana recrean Luz y Marita, los chicos juegan, pintan, improvisan, bailan, cantan, cocinan y aprenden a compartir. Y están abiertos a las visitas y el intercambio, por eso, este martes nos abrieron su espacio para hablar con los chicos sobre los problemas de la soja.
Luego de correr un buen rato, para bajar los decibeles del día, nos dispusimos a iniciar la actividad en la que también estaba colaborando Miriam, a quién se nota que le interesa el tema y estaba muy informada, ¡y nos fue una muy grata compañía!
Luego de conversar sobre el origen de los alimentos, nos acomodamos bien acomodados, para ver la peli. A los chicos les gustó mucho y seguramente volverán a verla en algún otro momento, ¡porque a Marita también le gusto mucho! y ya tiene su copia para difundir...
Después de la peli salimos al aire libre a jugar, y nos convertimos en personajes, plantas y animales. Terminamos la jornada compartiendo a merienda a la sombra, con te, galletitas y chapatis. Y mientras esperábamos que los papis vinieran a buscar a los chicos, estuvimos juntando montones de mudas de chicharras. Los chicos buscaban con atención en la tierra, y en los troncos y copas de árboles, y estaban de lo más entusiasmados, ¡qué bueno poder aprender y divertirse con lo que la naturaleza nos da!
Gracias a Luz, Marita, Miriam y a todos los chicos del taller por el momento compartido, les dejo un gran abrazo, y unas fotos de recuerdo…
Aceptaron gustosos la propuesta por mail, y al llegar fue un gusto conocerlos y ver que en la biblioteca popular de San Marcos se desarrolla una intensa actividad, con variadas propuestas culturales, sociales y ambientales, y que se trabaja con mucha dedicación y compromiso.
Era domingo a la tardecita, y salimos a recorrer la plaza para invitar a los niños a acercarse.
Chicos y grandes iniciamos el taller en el espacio de la biblio y al terminar la peli cruzamos a la plaza a seguir con la actividad. Los chicos estuvieron de lo más participativos, y vale destacar las ocurrentes y graciosas intervenciones de Antú. A todos nos quedó claro que se siembra poca verdura y mucha soja, y que para sembrar más soja cortan árboles y expulsan a la gente del campo de sus lugares.
Todos aprendimos algo, y también compartimos un lindo momento divertido. Hubo encuentros con amigos, y amigos de amigos, y al finalizar, nos quedamos tomando mate con Cecilia, Franco y Fina, hablando de temas de intereses en común. Fue una alegría hacernos presente con “El cuento de la buena soja”, y ojalá alguna nueva propuesta nos lleve otra vez a tan lindo destino como es San Marcos Sierras. Gracias a Ceci por su calidez y a toda la gente de la biblioteca. ¡Espero seguir en contacto y espero poder volver a visitarlos pronto!
Gracias a la invitación de Dani, de la UCAN (Unión Campesina del Norte), “El cuento de la buena soja” llegó a esta localidad rodeada de campos de soja, en la cual el mosquito transita impunemente por las calles del pueblo (triste situación que conocemos para tantos otros pueblos del interior de nuestro país).
Los chicos del jardincito Federico Froebel, y sus maestras, tenían una mañana super-activa con los preparativos del acto de la noche, pero así y todo, se hicieron el lugar y las ganas enormes de compartir el taller.
Empezamos por la sala de los más chiquititos, y compartimos una charla muy participativa, ¡todos tenían ganas de hablar! Después de conversar acerca del origen de los alimentos, compartimos la peli, y finalmente nos dispusimos a jugar. Las intervenciones de los niños fueron inteligentes y divertidas: desde afirmar que “los árboles nos dan energía”, hasta deshacerse de Fumigueitor gritándole “andate cabezón”, no hubo consigna que quedara sin resolver. Y terminamos todos juntos convirtiéndonos en animalitos del campo.
Después, con los chicos de la sala de preescolar, vivimos un momento movilizador, cuando la maestra le pidió a uno de ellos que contara su experiencia con el mosquito, y este es parte del testimonio que compartió:
Seño: -Franco, contá lo del mosquito…
Franco: -¿El mosquito del dengue?
Seño: -No (risas), acordate lo que vos me contaste de tu casa en la que vivías en el campo, cuando tu hermanito todavía estaba en la panza de tu mamá.
Franco: -Ahhh… era un mosquito así (gesto) y tenía unas alas y un piquito así y de ahí le salía el veneno…
Seño: -¿Y qué contabas vos qué hacías con la puerta cuando pasaba el mosquito?
Franco: -Cerrábamos la puerta porque había mucho olor y le podía hacer mal al bebé.
Seño: ¿Y era muy fuerte el olor?
Franco: -Fuertísimo…
Y yo acoto: ¿Cómo naturalizar que un niñito de cinco años, su mamá y su hermanito por nacer, tengan que encerrarse cada vez que los fumigan? ¿Cómo no conmoverse ante un relato así en boca de un niño de jardín de infantes? Sin embargo, poco les importa a los responsables de que esto suceda.
Hay mucho por hacer en la localidad de Las Peñas, para que la situación se vuelva menos injusta y riesgosa en lo que respecta al cultivo de soja. Por suerte, desde la UCAN mucho se está haciendo, y el jardín Federico Froebel aporta lo suyo. Ojalá de igual modo, la escuela Kennedy, en algún momento abra sus puertas a la propuesta, y permita reflexionar acerca de estos temas junto a los niños de la primaria.
¡Saben que cuentan conmigo para que lo sea!
Va un abrazo grande para los compañeros de la UCAN, y muchas gracias a las docentes Claudia, María, Valeria y Mariana; a la directora Marcela, y a todos los chicos del jardincito de las Peñas por el lindo y emotivo encuentro compartido. ¡Gracias!
Gracias a la invitación de Virginia y Javier, y con el apoyo y la organización de la gente de la Caracol, pudimos llevar a cabo esta jornada, en el marco de las actividades previas al Encuentro de la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC).
El encuentro fue de lo más heterogéneo: alumnos del bachillerato popular, la gente de la casa caracol, público espontáneo, y niños de por aquí y por allá, compartimos una tarde con audiovisual, juegos y reflexiones.
Así, los grandes dejaron relucir sus niños interiores, y los niños, mostraron que tienen mucho para decir a los grandes. Como por ejemplo, una nena dejó en claro que, para que crezca un árbol (además de semilla, tierra, agua y luz) se necesita… ¡cariño! Y que a los árboles hay que cuidarlos porque “tienen vida como nosotros”. ¡Atesoro por siempre la intervención de esa niña tan dulce! Y de todos los chicos que participaron con entusiasmo y alegría.
Fue una alegría poder compartir el taller con gente tan movilizada y comprometida como la de los grupos que participaron, así como con los que no conocíamos y se acercaron al enterarse de la actividad. Esperamos que todos ellos puedan ser difusores del material y la propuesta.
A continuación comparto unas fotos que sacó Javier Astrada, de Indymedia, y que están accesibles en internet junto con otros comentarios y con parte del reportaje que me hiciera Fabiana Bringas, de radio Nacional Córdoba (ver aquí):
Una tarde que comenzó accidentada, porque no encontrábamos la forma de hacer funcionar el sonido de la película… ¡pero siempre se encuentran soluciones cuando hay buena voluntad! Y eso es lo que sobra entre la gente que trabaja en la Villa Los Galpones de la ciudad de Córdoba. Este grupo, que hizo realidad el sueño de la escuelita y lleva adelante el proyecto de huertas, fue una grata y feliz compañía. Los temas que propone “El cuento de la buena soja”, tienen mucho que ver con el trabajo que los chicos y las familias del lugar vienen realizando en relación a sus huertas y a producir parte de su propio alimento. Por eso, a continuación del corto de Juanito, nos dispusimos a disfrutar del video-documental en el que se presenta la historia del proyecto de las huertas, que había traído Sara para compartir.
¡Así que tuvo de todo la actividad, y muchas visitas!
Lamentablemente, hubo que salir medio a las apuradas, para llegar esa misma tarde al encuentro en la Casa Caracol. Pero la tarde compartida bastó para que me encariñara con la gente del lugar, y sobre todo con los niños, que tanto tienen para decir y para dar.
Muchas gracias a Emilce por la invitación, y gracias a Luciana, Franco, y a toda la gente que colabora con la escuelita de la Villa Los Galpones. También gracias a Sara y sus compañeros, por compartir fotos, material e inquietudes. Aquí, algunas imágenes de recuerdo…
El contacto con Cristina, y la invitación de Paco, llevaron a “El cuento de la buena soja” hasta la escuela José Manuel Álvarez, de la ciudad de Córdoba. Allí, compartimos el taller con los chicos de 4ºC y 4ºD, ¡el curso de Sofía!
En esta escuela de alumnado numeroso, y en un día de mucho calor, los chicos estaban de los más ansiosos y participativos. Conversamos acerca del origen de distintas comidas, partiendo de ejemplos muy sabrosos que ellos mismos propusieron, y después, nos dispusimos a ver audiovisual de Juanito, que despertó interés ¡y muchas risas!
El momento del juego nos permitió seguir reflexionando sobre los temas que propone la peli, y entender que aunque en la ciudad no nos sintamos tan cerca de lo que pasa en el campo, eso tiene mucho que ver con nuestras vidas, ya sea por los alimentos que obtenemos y consumimos, por la diversidad y la extensión del monte de toda la provincia que está siendo cada vez más devastado por intereses económicos, y por cómo eso afecta eso a las poblaciones rurales que terminan migrando a la cuidad… Muchos temas, que, según comentaron entusiasmadas Marta y Adriana, las docentes que nos acompañaron, son cosas que con los chicos ya habían venido tratando durante el año, y esta visión integrada les ayudaba a relacionar y repasar. ¡Qué alegría haber podido aportar en tal sentido!
Muchas gracias a Cristina, Paco, Ale y Sofía por el contacto y la invitación con la escuela Manuel Álvarez, gracias a su directora Alejandra, por el interés en la actividad, y a los chicos y sus maestras, ¡muchas gracias!
Otra vez en Anisacate, pero esta vez al lado del pueblo (“es que Aniscate es grande”, según el decir de sus habitantes), compartimos el taller en la escuela D. F. Sarmiento, que abrió sus puertas un domingo, especialmente para la actividad; y también abrió su kiosco, al que los chicos corrieron pidiendo golosinas. Golosinas que, hete aquí, están fabricadas con azúcar, frutas, harina, cacao y otros ingredientes que vienen de plantas, que crecen en el campo… ¡como la mayoría de las cosas que comemos! según pudimos concluir en la charla que compartimos para empezar la tarde. Después, grandes y chicos disfrutamos del Cuento de la buena soja, y al terminar, nos fuimos con los chicos a un aula para jugar al juego de Juanito. Otra vez estuvo Marce allí para acompañarnos, ¡gracias Marce! Pero no es fácil que un domingo a la tarde, y teniendo una plaza enfrente, los chicos quieran quedarse metidos en un aula, ¿quién no preferiría la plaza acaso? Así que luego de un rato, allí fuimos, y mientras algunos corrían y jugaban a la pelota, otros revoleábamos los dados tratando de que no toquen el piso antes de completar entera la frase: “Pa-ren-de-fu-mi-gar-nos”. Nos costo, pero después de varios intentos, ¡lo logramos!
Entretanto, los grandes vieron Reverdecer, y al finalizar la peli, hubo mucho para decir. La directora de la escuela, la señora Elizabet Gómez, parecía muy sorprendida con todo lo visto y comentado, al parecer, ella desconocía la existencia de un campo de soja muy cercano a la escuela, y la gravedad de los peligros de los agrotóxicos que se utilizan para fumigarla. Pero se mostró muy dispuesta a colaborar en la difusión acerca de la problemática planteada, y esperamos que así sea, ya que entendemos que la participación de la escuela es un pilar de acción fundamental.
Quiero agradecer una vez más a toda la gente de Anisacate que nos acompañó en estos días, (Virginia, Jorge, Vicky, Nico, Marce), y muchas gracias a la directora y docentes de la escuela Sarmiento por abrirnos sus puertas; quedo a su disposición, y no duden en contactarse para lo que necesiten… ¡Hay mucho por hacer durante el próximo ciclo lectivo, para reflexionar con los niños acerca de todo lo planteado esta tarde!
Cuesta que la gente se involucre con el tema, ¡si lo sabrán los vecinos autoconvocados de Anisacate! Esa tarde fuimos poquitos, pero teníamos mucho para decir y compartir.
Arrancamos la jornada, con permiso de los adultos, dirigiéndonos a los niños, para hablar sobre el origen de los alimentos, y compartir entre todos la historia de Juanito.
Luego, con los niños, y en compañía de Marce, nos cruzamos a la placita de enfrente, para jugar y seguir reflexionando sobre la propuesta. De más está decir que estos niños, hijos de la gente de la asamblea paren de fumigar y vecinos autoconvocados, ¡pueden dar cátedra sobre el tema de las fumigaciones y los peligros de la expansión de la soja! Así que fue muy rico todo lo que ellos contaron y compartieron. Para finalizar tanta reflexión, terminamos distendidos y divertidos jugando a manchas y escondidas.
Mientras tanto, los grandes se quedaron en el salón de la sociedad de fomento, para ver otro documental, y debatieron acerca de las estrategias para poner freno a las fumigaciones, y para que más gente se sume a este reclamo.
Fue una jornada muy enriquecedora, que terminó con intercambio de mails y saboreando unas ricas tortas. Muchas gracias a Vicky, Nico, Marce, Virginia, y a todos los vecinos de Anisacate que participaron de la actividad. Muchísimas gracias a Flor por su fiel compañía, y a Juan, qué tuvo que superar algunas peripecias para poder llegar a horario desde Córdoba con el cinemóvil, ¡grande Juan! A todos ustedes, muchas gracias, y hasta siempre.